Las oleadas de sufrimiento recorrieron con fuerza mi cuerpo
y se enraizaron en cada vena y milimetro de piel
no hay forma de describir como el ahogo sofoco mis sentimientos felices
inundandolos de vacio y oscuridad.
Ahora soy un alma triste, que yace desolada
hundida en la miseria de su sufrimiento.
viernes, 26 de febrero de 2010
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